La sumisión química da miedo, y es comprensible. Pero con el miedo a menudo vienen las ideas preconcebidas, la información falsa y los juicios infundados. ¿El resultado? Víctimas a las que no se cree, una prevención menos eficaz y debates confusos.
En Capote2Verre, ponemos las cosas en su sitio. Informamos, actuamos.
"Solo ocurre en discotecas"
Falso.
La sumisión química puede ocurrir en cualquier lugar: fiestas privadas, festivales, bares, residencias de estudiantes, e incluso en contextos familiares o profesionales.
No es el lugar el que crea el peligro, sino la oportunidad que se le deja a un agresor.
"Es raro, son solo casos aislados"
Falso.
Los casos reportados son solo la punta del iceberg. Muchas víctimas no denuncian por miedo a no ser creídas, a no recordar o por culpa.
En Francia, el número de denuncias se dispara desde hace varios años, y las autoridades reconocen que se trata de un fenómeno masivo, no marginal.
"Las víctimas deberían tener más cuidado con su vaso"
Alto.
Esta frase es victim blaming (culpabilización de la víctima).
Sí, es importante estar vigilante, pero el problema es el agresor, no la víctima.
No le decimos a una persona que ha sufrido un robo en casa: «Deberías haber cerrado mejor las ventanas».
Entonces, ¿por qué hacerlo en el caso de una agresión química?
"Siempre es GHB en los vasos"
Falso.
El GHB es el más conocido, pero está lejos de ser el único. También encontramos benzodiacepinas (Rohypnol, Xanax, Valium...), clonazepam, antihistamínicos, e incluso alcohol en dosis masivas.
Los agresores utilizan lo que tienen a mano. Esta diversidad hace que la detección sea compleja.
"Es imposible probar que a uno lo han drogado"
No siempre.
Es cierto que algunas sustancias desaparecen rápidamente del organismo, a veces en pocas horas.
Sin embargo, existen estructuras especializadas que acompañan a las víctimas, incluso sin prueba toxicológica.
Y, sobre todo, el testimonio de una víctima siempre es legítimo.
Lo que hay que recordar:
La sumisión química no es ni un mito ni un suceso aislado. Es una realidad violenta, demasiado a menudo minimizada, ignorada o deformada por ideas falsas.
Deconstruir las fake news es ya un primer paso para proteger mejor, escuchar mejor y, sobre todo, actuar de manera justa y responsable.
Porque una sola víctima ya es demasiado.
Y porque la verdadera prevención comienza con una información veraz.



